Las oportunidades ganadas
Hace un año que saltaron por los aires todos los planes de viajes, los retiros caligráficos y las escapadas para hacer letras. Sin embargo, dio comienzo una nueva era en lo referente a los cursos de caligrafía: la era online, que por primera vez nos abría la posibilidad de estudiar con algunos de los mejores maestros del mundo sin tener que hacer una inversión desorbitada.
Hoy, echo más de menos un aeropuerto, con todo lo que ello implica, que una terraza o un bar.
En el fondo no es más que un premio de consolación, porque el viaje forma parte del ritual del calígrafo: los reencuentros, las nuevas amistades, las comidas y las cenas, los paseos por pueblos en los que nunca antes pensaste.
Hoy, echo más de menos un aeropuerto, con todo lo que ello implica, que una terraza o un bar. Pero he podido acercarme a John Stevens o Jurgen Vercaemst y aprender sin parar durante estos últimos doce meses.
No sé cómo será el mundo cuando todo esto pase, pero sí que tengo una idea más aproximada de cómo seré yo como calígrafa: igual de esponja que antes, porque no he dejado de serlo en ningún momento.


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